Este ensayo fue escrito durante el mes de febrero del 2010 como resultado de una solicitud del Presidente del Partido Socialista de Chile, el Compañero Diputado Osvaldo Andrade. La intención del Compañero Andrade fue la de motivar una reflexión sobre el camino de reforma de nuestra coalición política, sobre su transformación, ampliación y regeneración. Agradeciendo al Compañero Andrade por la invitación a pensar y por la inspiración de hacerlo sobre estos temas es pertinente aclarar que los puntos de vista, los aciertos, las equivocaciones y las inexactitudes del texto son responsabilidad del autor.
El objetivo del texto es provocar una discusión. No debe ser leído como una teoría, sino como una provocación retórica en que se insinúan marcos conceptuales, diagnósticos y soluciones.
0. Introducción
Mirando la historia de mi partido, el PS, se ve que ha sido, desde 1918, parte de las siguientes coaliciones electorales: Convención Revolucionaria, Movimiento Revolucionario, Movimiento de Izquierda, Pacto Socialista-Republicano, Confederación Republicana de Acción Cívica (CRAC... gran nombre), Frente Popular, Alianza Democrática, Falange Radical Agrario Socialista, Frente Nacional del Pueblo, Frente de Acción Popular, Unidad Popular, y... la Concertación. El PS corrió solo apenas en una ocasión en toda su historia. Lo mismo es cierto para casi todos los sectores políticos del país.
Chile no tiene partidos como los gringos. Los nuestros son más especializados y pequeños. Algunos son depósitos de profundas identidades sociales y culturales. Por ende, son naturalmente partidos de coalición. Tienen mucho carácter, pero poco espectro. Nuestros partidos son más parecidos a los cafés parisienses; los partidos gringos son más parecidos a franquicias, con menos sabor, pero más cobertura. Los políticos que producen las franquicias parecen hamburguesas: contundentes pero predecibles, llenadores pero hostigosos; los políticos que producen los partidos café son como croissant: sabrosos y variados pero algo propensos a desmoronarse. En fin.
Quizás es mejor el otro tipo, no lo sé, pero mientras no lo tengamos, los problemas institucionales de las coaliciones y partidos serán centrales para la centro-izquierda chilena. Discutir esto debiera ser tema principal en el XXIX Congreso del Partido Socialista que se viene y que ha sido dedicado a la memoria del Compañero Eugenio González Rojas.
1. Del provincianismo pre-globalización al mundo de la cola larga
La política está cambiando con el mundo y Chile no es ajeno a este cambio. El fenómeno, que muchos llaman globalización, es una combinación simbiótica de procesos tecnológicos, económicos y culturales con una fuerza radicalmente transformadora. Para efectos de este ensayo necesitamos destacar que este fenómeno en realidad combina dos procesos de gigantescas proporciones. Primero, al asentamiento, profundización y expansión de una economía de mercado global que, con todo y sus crisis sistémicas, se ha terminado por interconectar con aspectos políticos y éticos de un modo profundo generando lo que Slavoj Zizek llama el capitalismo cultural (e.g. la Teletón, el Hogar de Cristo, el consumo orgánico, la certificación de comercio justo…etc). Segundo, la revolución cultural global de las comunicaciones que ha acelerado algunos fenómenos clásicos de la política (e.g. las revoluciones de Medio Oriente y fenómenos como las protestas por Punta de Choros) y generado nuevos fenómenos políticos como la cibermilitancia (e.g. en la elección del Presidente Obama o la candidatura de Antanas Mockus en Colombia) o el fin efectivo de la censura mediática en muchos países de tendencias totalitarias.
Para un país pequeño y lejano como Chile, estos dos fenómenos inseparables: el capitalismo cultural globalizado y la hiper-interconectividad global han tenido un efecto radicalmente transformador. Han cambiado de un modo dramático a nuestro país. Si se nos permite una caricatura, antes, “en la caverna”, nuestro país era pequeño, homogéneo, aislado y lejano: una deliciosamente reconfortante provincia en la que uno reconocía sus propios olores y ritmos. No era posible en Chile hacer cosas demasiado innovadoras en casi cualquier aspecto de la vida: cultural, científico, político, de negocios, porque ello era equivalente a una condena de aislamiento. Posiblemente es de esa situación de donde proviene un cierto provincianismo latente en varios aspectos de nuestra sociedad, política y economía que es una de las quejas favoritas de muchos de nuestros intelectuales. En una provincia aislada uno no puede hacer cosas muy raras por que se queda solo. Es por eso que las elites de ciudades aisladas suelen ser tan herméticas: por que se acostumbran a rituales, costumbres y formas de ser propias que tienen un sentido homogeneizador importante, tienen un motivo coordinador crucial (de logro de economías de escala) y un rol en la generación de un sentido de pertenencia. Para pertenecer uno se adapta y contribuye al caudal de la causa local. Si uno quiere innovar, queda aislado pues es un recurso libre, potencialmente distorsionante y, en todo caso, desperdiciado. En un país pequeño, si es que a alguien se le ocurre una idea rara, exótica, es altamente improbable que encuentre cómplices o detractores interesados, es casi imposible que encuentre personas con las cuales debatir, competir o colaborar.
Este provincianismo del Chile pre globalización tenía a lo menos dos efectos importantes sobre la forma en que las personas vivían sus vidas y que son necesarios de destacar para efectos del argumento desarrollado en este ensayo.
Primero, si reconocemos que un incentivo natural de todo lo que hacemos, sea en negocios o en política, en literatura o en religión es compartirlo con los demás, si aceptamos que somos naturalmente gregarios, entonces será natural que las personas que se enfrentan a este ambiente provinciano suelan optar por versiones más convencionales de lo que les interesa, versiones más uniformes de sus vidas que les permitan vivir el tipo de vidas que quieren: todos escuchando el mismo tipo de música, riéndonos de los mismos chistes, educándonos para insertarnos en los sectores tradicionales de nuestra economía y adaptándonos a las estructuras convencionales de la política.
Segundo, si reconocemos que cualquier proceso de innovación es colectivo, si reconocemos que un proceso de innovación por lo general es más productivo, más factible y de mayor potencial si es que se produce entre varios, entonces es posible que ese provincianismo tienda a restringir la innovación. Conste que estamos hablando de innovación en un sentido mucho más amplio del que usualmente se usa (i.e. la innovación en negocios). Hablamos de innovación no solamente en el sentido de lo que se produce en actividades científicas o artísticas, también de la que se produce en la moda o en los hábitos de vida (lo que el periodismo de fin de semana llama tendencias), la que se produce cuando uno organiza la vida en su barrio o en su ciudad (lo que los políticos llaman lo “local”), la que se produce cuando uno decide una manera de vivir su religiosidad, en la manera en que uno decide organizar su vida personal, en la forma en que uno decide ejercer su ciudadanía, en el tipo de estructura que uno decide darle a su familia o la forma en que uno construye su vida laboral, todo eso es innovación.
Estas dos fuerzas que resultan del provincianismo: el convencioalismo y el conservadurismo son intrínsicamente fomes, por cierto, pero además tienden a ser nocivas para el desarrollo. Primero por que el crecimiento y desarrollo económico de largo plazo requieren de fuerzas transformadoras y reestructurantes que estén constantemente cuestionando lo que se ha hecho siempre, es decir de innovación en el marco de lo que Joseph Schumpeter llamaba destrucción creativa. Segundo por que el desarrollo de verdad se compone de todas las formas de innovación (política, cultural, artística, económica, financiera… etc.), es más, solamente es posible cuando incluye todas estas formas de innovación ya que unas se sostienen a otras. Si la innovación y el crecimiento requieren de masa crítica y variedad biológica, el provincianismo contendrá un motor de mediocridad y estancamiento.
Mientras más provinciano el ambiente en que uno se encuentra, menos habrá de todos esos tipos diferentes de innovación, habrá entonces mucha más uniformidad, apego a las convenciones, conservadurismo y conformismo. No solamente por que como seres sociales, en general, no nos gusta estar solos sino porque hacer cosas nuevas, diferentes, raras, en soledad, usualmente (salvo casos de genialidad excepcional) tiene pocos resultados y genera grandes frustraciones: la innovación es una actividad colectiva, social, política. Todas estas formas de innovación requieren de muchas personas, de esfuerzos colectivos y convivencia. Además requieren de personas que estén innovando en diferentes planos y disciplinas, generando aplicaciones de paradigmas generales al arte, a los negocios, a la política, haciendo conversar estas aplicaciones entre si. Requieren de lo que Steven B. Jhonson llamaría una “ecología de la innovación”. En un lugar pequeño y aislado, formar estas ecologías era mucho más difícil. A lo más se podría sostener un número acotado de ellas y el proceso de colocar los recursos a disposición de esas pocas ecologías escogidas tenía, naturalmente, ciertos elementos autoritarios e intolerantes.
Una de las cosas que ha generado la globalización en Chile es que ha hecho posible un grado mucho mayor de heterogeneidad, diversidad e innovación en la sociedad, cultura y economía de lo que era posible antes. En el caso de Chile esta heterogeneidad no era posible antes debido a nuestro aislamiento y tamaño. Este efecto es quizás mucho mayor en un país como el nuestro (de los más pequeños y más lejanos) justamente por que es más dramático el cambio. Quizás un país como Brasil siempre pudo sostener cierta heterogeneidad con su tamaño, quizás un país como Portugal siempre pudo sostener cierta heterogeneidad con su cercanía geográfica a los países centrales, quizás un país como Australia siempre pudo sostener cierta heterogeneidad con su cercanía cultural e idiomática con el centro. Lo que si sabemos es que cuando miramos hacia nuestra historia, vemos un Chile lejano y aislado, convencional y uniforme, aguerrido y sobrio, lindo y triste. comparado incluso con países de menores niveles de desarrollo. No todos los países en desarrollo tenían esa característica de provincianismo extremo. El nuestro si lo tenía. Por eso es que, posiblemente, para un país como el nuestro el cambio ha sido tan dramático, alterando en forma radical la forma en que nos relacionamos en el mundo y la forma en que nos organizamos internamente.
La globalización económica tiene dos tipos de efectos sobre la estructura económica de países pequeños como Chile que son relevantes para el argumento de este texto. Por un lado, al ser la globalización una radicalización del proceso de apertura comercial tiende a empujar a un país a especializarse en los productos que constituyen su ventaja comparativa. Ese es un resultado clásico de la teoría del comercio que usábamos para analizar el mundo anterior a la globalización de las comunicaciones. En la era de las comunicaciones y la revolución de las tecnologías de información y comunicaciones, sin embargo, hay otro efecto importante. Recursos y capacidades que no tenían la escala enmarcados en la economía nacional pueden, gracias a la mayor conectividad integrarse a cadenas productivas globales o a mercados que eran antes inaccesibles. En este caso, la globalización económica tiende a aumentar la diversificación productiva y la heterogeneidad. El resultado total de la globalización comercial sobre la estructura económica es, por ende, ambiguo pero, en un país que partió hiperespecializandose en las fases tempranas de la globalización a partir de un proceso de radical apertura unilateral me atrevería a decir que la dirección pendiente, la parte del cóctel de la globalización que nos falta tomar es el que nos empujará hacia mayor diversificación.
La interconexión global en comunicaciones y la globalización cultural, por otro lado, también fue pensada y temida, ex ante, como una fuerza homogeneizadora, culturalmente estandarizadora y uniformizante. Y en algunos de sus aspectos puede que lo sea. Sin embargo, al igual que en el caso de la globalización comercial, tienen un efecto inverso en que permite coordinar, conectar y juntar a personas que tienen ideas, nociones y opiniones similares en el mundo y sostener culturas que de otro modo no se podría. En este caso el efecto no es sobre la estructura de comercio, sino sobre los planos de la cultura, la religión, el arte, la moda, las tendencias… etc. Ahora es más fácil ser diferente. Es más fácil ser innovador, es más gratificante.
Como se puede ver tanto en términos económicos como culturales, la globalización tiene fuerzas homogeneizantes y heterogeneizantes que se enfrentan y contraponen. Seguramente en algunos países han primado unas y en otros otras. Nuestra intuición es que en Chile han tendido a primar las fuerzas homogeneizantes en lo económico, no solamente por la apertura comercial sino por los auges en los precios de los bienes básicos; y al mismo tiempo han primado las fuerzas heterogeneizantes en lo cultural, como resultado de la enorme ganancia de escala que la globalización cultural ha significado para nosotros.
Este tipo de cosas, este balance entre los efectos de la globalización, están ocurriendo en todo el mundo. En economías que eran, previamente, más aisladas y pequeñas ha tenido un efecto económico y cultural mayor, pero ha ocurrido en todas partes por lo cual la heterogeneidad en formas sociales, políticas y culturales ha aumentado en todo el mundo. Si en cada país del tamaño de Chile había 10 personas interesadas en vivir su vida del modo X, en producir la variante Y o en cultivar la manera de pensar Z, estas formas de vida, de producir y de pensar eran poco viables. Ahora, con la integración mundial ocurrida, si había 100 países o zonas de países como Chile que se conectan en comunidades y mercados, hay 1000 personas con las que se puede cultivar X, Y o Z. Esto es lo que Christopher Anderson ha llamado el fenómeno de la Cola Larga refiriéndose a la cola de una distribución estadística que cuando se alarga contiene mayores grados de heterogeneidad. La idea de Christopher Anderson es, justamente, que la globalización es un fenómeno que tiende a aumentar la heterogeneidad global (por los argumentos que hemos expuesto) y no a homogeneizar que es un temor tradicional respecto del fenómeno globalizador. En economías pequeñas, el potencial heterogeneizador de la globalización es mayor y creciente a medida que la globalización de comunicaciones y de cultura se extiende y profundiza. Vamos hacia el mundo de cola larga.
Este mecanismo de hiper-especialización e hiper-heterogeneización global ya ha tenido efectos sobre nuestra economía. Estos efectos han sido grandes y con consecuencias políticas importantes. Sin embargo, hay que reconocer que son limitados y desigualmente distribuidos y que en el plano económico posiblemente no han sido bien aprovechados, lo que delinea en gran medida los desafíos políticos que enfrentamos en el futuro próximo.
2. De la integración desigual y la integración incompleta
Sin duda que la contra cara de los fenómenos que hemos descrito arriba de incremento radical en la heterogeneidad social, económica y política es el incremento en la desigualdad (la desigualdad después de todo, es una forma de heterogeneidad). Está relativamente bien documentado que la distribución del ingreso interpersonal global (es decir de todas las personas en el mundo, sin considerar en que país están) en los últimos años ha tendido a mejorar como resultado de los enormes avances en ingreso y capacidades de consumo de los ciudadanos de los megamercados indio, chino, ruso y brasileño. Esos países, al igual que Chile, han tenido un desempeño económico relativamente mejor que la de los países desarrollados durante varias décadas (lo que en economía se conoce como el fenómeno de “convergencia”) con la diferencia de que debido a sus enormes tamaños son capaces de afectar la distribución de ingreso global. Sin embargo, al mismo tiempo, dentro de cada uno de esos países así como dentro de los países desarrollados ha aumentado la desigualdad del ingreso en la medida en que algunos sectores sociales lograr insertarse exitosamente en los fenómenos globales y otros no. Este fenómeno doble, aparentemente paradójico, de mejoría de la distribución de ingreso global pero empeoramiento de la distribución de ingreso dentro de los países es quizás el caso más dramático y visible del efecto transformador de la globalización. El proceso de integración mundial permite que muchas más personas en el mundo aprovechen sus talentos y persigan sus intereses, mejorando el crecimiento y la heterogeneidad; pero también dramatiza las diferencias heredadas y socialmente reproducidas de la sociedad contribuyendo con mayor desigualdad de ingreso local.
¿Qué ha ocurrido con la desigualdad en Chile en estos últimos 25 años? Un buen resumen es que la desigualdad del ingreso primaria o autónoma (la que refleja lo que las personas ganan en el mercado) ha aumentado al igual que en el resto del mundo; sin embargo la desigualdad total (que incluye los impuestos y subsidios del Estado) se ha mantenido aproximadamente constante (con vaivenes por supuesto). ¿Qué nos dice esto? Simplemente que una manera de entender el efecto que las políticas sociales y económicas de las últimas décadas en Chile es que lo que estas han hecho es, por así decirlo, “aguantar la marca” de los efectos de la globalización sobre la desigualdad. No estamos diciendo que este desempeño sea satisfactorio desde una perspectiva progresista, en absoluto, lo que si estamos diciendo es que el contrafactual correcto para entender el efecto de las políticas económicas de la era de la Concertación es el de aumentos en la desigualdad, que fueron contrarrestados o compensados por las políticas sociales y económicas implementadas.
Una de las consecuencias más nocivas de no haber podido avanzar efectivamente en equidad sino solamente haber podido “contener” los efectos “desigualizantes” de la globalización es que ello ha tenido consecuencias sobre nuestra inserción económica en la nueva economía global y, por ende, se ha ido convirtiendo en un límite estratégico para el desarrollo económico chileno. El problema es que al partir todo este proceso Chile ya era uno de los países más desiguales del mundo.
Uno de los efectos dinámicos más nocivos de la desigualdad es el efecto que ella tiene sobre las posibilidades de los individuos de desarrollarse. En el paradigma de mercados perfectos que es tan propio de los sectores conservadores y neoliberales, la desigualdad no es tan problemática ya que los mercados serán capaces de identificar los talentos de las personas y proveerles financiamiento. Sabemos que esto no es así. Como no es así, el acceso a recursos heredados o avenidos por la vía de capital social es crucial. ¿Qué implica esto? Qué en una sociedad desigual existe un menor potencial de aprovechamiento de las oportunidades de diversificación y desarrollo económico que entrega la economía global actual por que personas con buenas ideas pero sin status social no recibirán financiamiento para desarrollarlas. Pero no solo eso. Personas con talento para educarse, no recibirán financiamiento y por ende incluso existirán límites para el nivel de sofisticación e impacto con que nos integraremos en la globalización cultural, religiosa y política. Nótese que el acceso a tiempo libre es también una forma de financiamiento. Esto es, personas que tienen sus necesidades de consumo y estándares de vida relativamente cubiertos por herencia o por los elevados niveles de ingreso por hora propios o de sus conyugues pueden, por así decirlo, “darse el lujo” de explorar la cola larga de la globalización.
La desigualdad se profundiza y reproduce (eso lo sabemos en la centro izquierda desde que Karl Marx los sistematizó en un cuerpo conceptual), pero además sabemos hoy, gracias a los trabajos de Joseph Stiglitz, que impide el aprovechamiento de las oportunidades económicas y en particular de la globalización económica, limitando el potencial de desarrollo de todo tipo en nuestro país.
Dado que los dos fenómenos con los que hemos caracterizado a la globalización no van a desaparecer (todo lo contrario van a continuar profundizándose), es importante tener en cuenta a lo menos tres de las cosas que ello implica.
Primero, es muy posible que el fenómeno de mejoría en la desigualdad interpersonal global con aumento en la desigualdad intra-nacional continúe. Esto significa que si es que un objetivo central de la centro izquierda chilena es pasar de una fase, por así llamarla “defensiva” en cuanto a la desigualdad, a una fase “ofensiva” en que se producen mejoras efectivas en la distribución del ingreso, el nivel de agresividad, escala y ambición de las políticas sociales y económicas tendrá que aumentar radicalmente. Hay que recordar que nuestro país entró a este este ciclo de globalización como uno de los más desiguales del mundo. Este es un desafío de enorme importancia para nuestro sector político. El no poder avanzar efectivamente en este campo es una fuente de frustración para la centro izquierda chilena, sin duda, pero es también es un límite para el aprovechamiento de las oportunidades de la globalización por parte de nuestro país.
Segundo, todo este fenómeno de aumento de la heterogeneidad social, política y cultural que ha generado la globalización en comunicaciones se encuentra desigualmente distribuida dentro de la sociedad chilena. Hay sectores que se han logrado insertar con mucha mayor rapidez que otros, lo que tiene que ver, por supuesto, con niveles de ingreso y conectividad pero también con acceso a la calidad de educación, aprendizaje de idiomas y otras llaves para la interacción global. Este tipo de heterogeneidad, la de acceso a la globalización cultural debe ser un aspecto central de las políticas de la centro izquierda chilena, lo que indudablemente requiere mucho más que políticas de conectividad (que ya son un desafío en si mismas), sino de políticas culturales, educativas, de idiomas, que hagan que el acceso a la globalización cultural sea en carácter de participantes y no de espectadores como ha sido hasta el momento para muchos sectores populares. Es evidente que Chile no está aprovechando en forma completa las oportunidades democratizadoras que genera la globalización cultural.
Tercero, las mismas limitaciones que hacen que la integración a la globalización en nuestro país haya sido desigual hacen que sea incompleta. Si bien nuestro país ha sido capaz de avanzar algo en la diversificación de su matriz productiva y ha logrado avanzar bastante en la diversificación de mercados objetivos, continúa teniendo una economía hiperespecializada, en que un puñado de productos básicos (commodities) concentran tres cuartos de las exportaciones y entre los cuales más de la mitad son los mismos productos que hemos estado produciendo hace casi medio siglo. Es evidente que Chile no está aprovechando en forma completa las oportunidades para el desarrollo productivo que genera la globalización económica del mismo modo que no están aprovechadas a cabalidad las oportunidades de la globalización cultural.
La globalización económica y cultural ha generado cambios enormes en nuestra sociedad previamente aislada, pequeña y provinciana, es cierto; pero sigue siendo cierto que esa integración ha sido desigualmente distribuida e incompleta tanto en sus aspectos económicos como culturales.
3. De la Concertación de Partidos a la Red de Nodos
La consecuencia de lo anterior es que el escenario enfrentado por la centro izquierda de hoy es muy diferente del que se enfrentó hace algunas décadas. Una ciudadanía incrementalmente heterogénea en lo cultural, valórico, religioso y político en que muchos de los sectores que no han tenido acceso a esas herramientas de desdoblamiento de sus capacidades presienten su posibilidad y anticipan expectantes esas libertades. Esto implica una nueva estructura política. Una sociedad con tendencias persistentes e incluso crecientes hacia la inequidad (e.g. los fenómenos de creciente segregación observados en la educación y en las ciudades) que mantienen a las políticas social y redistributiva bajo constante presión, pero en las que urge pasar de una fase de “contención” de la desigualdad a una de su “disolución”. Finalmente una economía con tendencias de progreso crecientemente limitadas por nuestra hiperespecialización económica, productivamente conservadora y con dificultades para expandir su heterogeneidad, entre otras cosas, como resultado de la desigualdad que impide desplegar los talentos de nuestra sociedad y expandir el espectro de lo que Chile ofrece al mundo.
La tesis central que pretendemos defender en este documento es que la estrategia política de la centro izquierda debe enmarcarse en los agridulces de la globalización económica y cultural que estamos viviendo. Entendiendo que nos estamos adentrando en una nueva fase de la historia en que se relacionan e interconectan viejos y nuevos problemas, además de viejas y nuevas formas de hacer política.
Para entender el eje central que nos debe ordenar para ello, propongo un ejercicio. Imaginemos el tipo de sociedad y de política que tendríamos si es que fuéramos exitosos en la próxima fase de gobiernos de centro izquierda. Como es casi imposible que logremos parar los fenómenos de globalización económica y cultural, (y, por cierto, no es evidente que fuera deseable hacerlo) es muy probable que tendríamos una sociedad plenamente globalizada, pero en la que esa integración con el mundo sería muy igualitaria tanto en acceso, conectividad como en las capacidades educativas, comunicacionales y culturales que ello requiere. Por ende sería una sociedad aún más heterogénea en lo cultural, religioso y social; mucho más diversificada en lo productivo; mucho menos desigual en ingresos; y por ende, mucho más heterogénea en lo político. Esa sociedad sería casi el completo opuesto a la sociedad provinciana que describimos en la primera sección de este documento.
El tipo de coalición política que tenemos que construir no es la que, al mínimo costo, se adapta a un resultado electoral coyuntural o a las vibraciones de las encuestas políticas. El tipo de coalición política que tenemos que construir no es la que medio a regañadientes se moldea a algunas de las cosas que ya han pasado en la sociedad chilena como resultado de las tendencias que hemos descrito. No. El tipo de coalición política que tenemos que construir es una que refleja el país que tendremos cuando tengamos éxito: cuando logremos ese país extremadamente heterogéneo, variado, tolerante, inclusivo, igualitario, desarrollado e integrado económica, política y culturalmente al mundo. Esa es la coalición que tenemos que construir. Una coalición política para el Chile que viene, no el que es, y ciertamente no el que fue.
Esta forma de pensar es similar a la que tienen algunos de los países más exitosos en término económicos respecto de su estrategia de desarrollo. Esos países usualmente hacen grandes apuestas que reflejan no lo que son, sino lo que quieren ser. Cuando Singapur hace una ampliación faraónica a su puerto, que excede por mucho sus necesidades previsibles, lo hace pensando en la economía que quieren ser no en la que son; cuando Dubai construye una nueva babilonia en medio del desierto lo hace pensando en la economía que quieren ser no en la que son; cuando Finlandia construyó el sistema educativo que tiene, su economía no lo necesitaba, si lo necesitaba la economía y sociedad que querían ser. La lógica de este tipo de apuestas es la de movilizar entusiasmos, conseguir adhesiones, inducir comportamientos que hagan que esas visiones sean posibles en el futuro. La lógica de estas apuestas es coordinar sueños, por así decirlo, prestar infraestructura a una narrativa de desarrollo.
Algunas de estas apuestas salen bien, otras mal, pero como decía Virgilio: “el destino favorece a los osados”. Hace rato que Chile no forma parte de los osados, ni en política, ni en economía.
Tenemos que construir la coalición política de centro izquierda que necesita el país que queremos construir, no el país que tenemos. Lo tenemos que hacer por que eso nos permitirá empujar las causas del país que queremos, porque eso movilizará otras voluntades, porque eso le prestará infraestructura a esa narrativa y un espacio para concretizar sueños.
En ese futuro la política de la centro izquierda no será resultado de un federación de partidos políticos. Eso lo sabemos todos. También sabemos que eso incluye el escenario en que en vez de cuatro partidos haya seis, ocho o diez. En ese futuro la variedad de formas de asociación política será muy superior y mucho más variada, las fronteras de militancia serán mucho más blandas, los procesos de toma de decisión para formar líneas políticas serán mucho más deliberativos, los procesos de selección de candidatos serán mucho más abiertos, la heterogeneidad de visiones y posturas será infinitamente mayor. En ese futuro habrá militancia temática y también ideológica, habrá militancia presencial y también cibermilitancia, habrá formación política y también independencia.
En ese futuro la coalición político-electoral de la centro izquierda será algo mucho más parecido a un nodo de la red Internet. Un nodo en la red de la centro-izquierda que incluirá en otros nodos el activismo social cristiano, socialista o liberal; el activismo gay, juvenil, ambiental, local, sindical, étnico, femenino, regional… y todos los demás que forman parte de nuestro mundo político. Un nodo cuyo objetivo central sea lograr los resultados electorales que todos los grupos de esa red requieren para tener éxito en impulsar la visión de país que defienden. Un nodo en que estas diferentes perspectivas negocian, acuerdan, discrepan y se coordinan.
Una cosa muy importante es que será un nodo más y no la red completa. Un nodo tremendamente relevante de cuyos resultados depende mucho, pero que sigue siendo un nodo no más, que se presenta dentro de la red del mismo modo que ocurre para los nodos de Internet (los sitios web): todos son, de algún modo, iguales, algunos tienen más o menos visitantes, más o menos contenidos, más o menos tráfico, más o menos recursos, pero todos son iguales, por que a todos se les puede ver tecleando su dirección. Esto último es extremadamente importante por que la coalición política del país que queremos no reproduce las dinámicas de dominación, arrogancia y exclusión de la sociedad de hoy. Todos sabemos que una de las tragedias de la política de centro izquierda chilena es que a pesar de quererlo no ha podido evitar reproducir la desigualdad de nuestra sociedad y ser penetrada por sus mecanismos de exclusión. Las nuevas estructuras políticas debieran construirse expresamente con el objetivo de evitarlo.
La coalición que vamos e tener en el futuro no se parece tanto a una Concertación de Partidos sino a una Red de Nodos.
¿Por qué no construir ahora ese proyecto político, ese que refleja el país que queremos y no necesariamente el que somos?
4. De los Partidos Electorales a los Partidos Ideológicos
Es obvio que los partidos políticos de la centro izquierda en la Red de Nodos serían diferentes de lo que son hoy. Del mismo modo que nuestros partidos políticos de las últimas décadas son muy diferentes de lo que eran en tiempos anteriores. Para dar un par de ejemplos: en tiempos en que la izquierda practicaba la lucha política revolucionaria, los partidos socialistas y comunistas no eran solamente partidos electorales sino partidos insurgentes y muchas veces clandestinos. Hoy en día estos partidos son casi exclusivamente electorales, orientados hacia los resultados en las urnas. En tiempos en que la mayor parte de la población todavía vivía en el campo, los partidos social cristianos eran de raigambre y vocación agrícola, preocupados de los derechos del campesinado. Hoy en día, en cambio, son partidos predominantemente de clase media urbana, preocupados de los trabajadores calificados y de los pequeños empresarios. El carácter de los partidos políticos y de las coaliciones políticas cambia con las épocas y es seguro que en Chile volverá a cambiar.
Es evidente que en la red de nodos las elecciones no serán exclusiva potestad de los partidos políticos. Es relativamente evidente que eso ya está empezando a ser una realidad en la política local. Esto no significa que no se vayan a dedicar con mucho esfuerzo y compromiso a las elecciones, por cierto que lo harán. Lo que significa es que no serán los únicos. Dentro de la red de nodos habrá ocasiones en que un candidato que proviene de una ONG o de un grupo de barrio se enfrentará en primarias al de uno o varios partidos. Algunas veces ganarán, otras veces perderán.
¿Qué serán nuestros partidos políticos entonces? Bueno, si es que sobreviven a este proceso de cambio serán, a mi juicio, nodos ideológicos. Serán centros de producción de pensamiento social, político y público. Serán centros de formación de líderes con una orientación política filosófica. Y eso implica que tendrán que adaptarse para ser consecuentes con esas visiones. Si es que sobreviven, en el mundo del Nodo, nuestros partidos políticos serán lugares en que se responderá constantemente las preguntas: ¿Qué es ser socialista? ¿Qué es ser demócrata? ¿Qué es ser radical? ¿Qué es ser democratacristiano? ¿Qué es ser progresista? Y tendrán que tener un modo de funcionamiento que permita hacerse constantemente esa pregunta y construir constantemente respuestas, que serán tan cambiantes como la realidad, enfrentando la permanencia de los valores que se encuentran detrás de cada uno de ellos con las coyunturas de esa realidad.
En la actualidad, el carácter radicalmente electoral de los partidos les ha permitido quizás dejar de lado parcialmente la tarea de responder esas preguntas. Mucha de la frustración de militantes tiene que ver con eso: con la sensación de que la lógica electoral ha permitido que no sea necesario o incluso se haya vuelto deseable que no se discuta constantemente respecto de las ideas políticas, las variantes estratégicas y las opciones tácticas detrás de las políticas públicas. En el mundo del Nodo Ciudadano, esto ya no será posible para los partidos. Al perder su monopolio sobre lo electoral tendrán que enfrentar este otro proceso, difícil, duro, intensivo en tiempo y esfuerzo, que los obligará a mirarse en el espejo con algo más de honestidad. No es de extrañar que lo resistan tanto, es una dura tarea.
En el país que queremos construir los partidos políticos no serán organizados predominantemente para las elecciones sino para las ideas. No serán partidos políticos electorales sino partidos político-ideológicos. Tratarán, por cierto, de tener grandes éxitos electorales. Mi preferencia personal es que la mayoría de los candidatos con éxito que tenga el Nodo provengan de partidos de éste tipo y por ende tengan una visión más integradora, orgánica y comprensiva de la política. Preferiría eso a que predominen candidatos que provengan de nodos muy específicos, con un espectro muy acotado a ciertas causas particulares, con un registro demasiado centrado en temas muy excluyentes o bien de motivaciones derechamente oportunistas. Prefiero, en ese sentido a líderes que representen una filosofía, una visión de país, un sueño que vive constantemente luchando contra y con la realidad, enfrentando los límites que la realidad coloca a esas utopías pero a la vez empujando a la realidad en su dirección, negociando una transformación del mundo y de la utopía. Yo prefiero este tipo de líderes a los que representan un tema o un grupo. Prefiero a líderes que practican y cultivan la tensión entre la utopía y el pragmatismo. Siento que la misión de los partidos es justamente la de generar estos líderes políticos pragmático-utópicos. Siento que hoy no lo hacen muy bien. Es lo que hacen los partidos exitosos de las democracias modernas desarrolladas. Es lo que tenemos que hacer. Es más, si lo hacemos bien, probablemente tengamos más éxitos electorales que ahora, tal como los equipos de fútbol que juegan bien y son honestos con su visión del deporte suelen tener más éxito deportivo que los que simplemente buscan resultados.
¿Por qué no construir ahora ese proyecto de partidos políticos, ese que refleja el país que queremos y no necesariamente el que somos?
5. A modo de ejemplo: la pregunta de los socialistas
El Partido Socialista tendrá que cambiar también. El eje central de su cambio será el de estructurarse para que sus militantes estén constantemente debatiendo, discutiendo y majaderamente revistando la pregunta: ¿qué es ser socialista? Responder esta pregunta a propósito de muchos temas que la contingencia estará colocándole frente a las narices, claro, pero también respecto de temas más estratégicos y de largo plazo.
No es necesario argumentar demasiado para demostrar que el PS no se encuentra estructurado de ese modo hoy. Tenemos que reformarnos para funcionar de un modo que nos permita siempre estar respondiendo esa pregunta. Y no responderla como parte de un esfuerzo académico, sino como parte de un proceso de dialéctica social y política. Es decir, como parte de un proceso en que las respuestas que se construyen colectivamente se convierten en acción política. Curiosamente este tipo de funcionamiento que parece ser el ideal utópico de un partido socialista teórico clásico es a mi juicio en lo que tendríamos que convertirnos si es que queremos sobrevivir. En el mundo de la hiper-heterogeneidad y variedad política, los sabores genéricos, los colores convencionales, los productos adaptables, las parkas reversibles no funcionan. Si funcionan las cosas con claridad, intensidad e identidad. El Partido Socialista del futuro tiene que ofrecer un modo de militancia que refleje el ideal político socialista. El Partido Socialista debe ser en el futuro, radicalmente socialista en su sentido permanente, en lo que constituye su esencia y se refleja en su funcionamiento, en su proceso dialéctico interno. Solo así sobrevivirá.
¿Qué es lo permanente de los socialistas? ¿Qué es eso que tenemos que radicalizar? ¿Qué es eso que tenemos que preguntarnos una y otra vez?
Consideremos, por un momento, la siguiente línea argumentativa. Para la mayoría de los socialistas es bastante evidente que los mercados son simplemente un fenómeno de la realidad, que están llenos de fallas e imperfecciones, y que muchas de esas fallas reproducen la desigualdad, la exclusión, la explotación y la pobreza que provienen de procesos políticos de apropiación original. Pero eso no evita que los mercados sean un fenómeno de la realidad contra el cual no hay demasiados sustitutos y en los que si hay muchos desafíos públicos.
Saben que el mundo está repleto de personas que sueñan con la solidaridad pero que tienden a practicar privadamente el egoísmo. Que la sociedad se encuentra repleta de fallas de coordinación en que individuos bien intencionados terminan haciendo cosas indeseables desde el punto de vista social. Saben que hay que entender cómo funcionan los mercados, cuando fallan y cuando no, porque solo así se diseñan políticas más efectivas y eficientes.
El problema de los socialistas no son en estricto sentido los mercados, es el poder. Los socialistas no tienen problemas con los mercados eficientes, justos y competitivos. Si tienen problemas con las realidades del poder que nos desvían de ese paradigma. Si miramos hacia atrás en nuestra historia lo veremos nítidamente, en el utopismo liberal de la Sociedad de la Igualdad, en el anarquismo, en el troskismo, en el sindiscalismo concebido como un modo de enfrentar el poder y rebalancear el juego político y el balance en el mercado a favor de los trabajadores.
Pero otra implicancia de esto es que a los socialistas no solo nos preocupa el poder del la riqueza y el empresariado. También nos preocupa el poder político excesivamente concentrado y el autoritarismo que conlleva. En el Partido Socialista cultivamos una suerte de “cinísmo explícito” respecto del poder. Cuando elegimos a una autoridad nacional o partidaria, inmediatamente sospechamos de ella. Nos convertimos en una especie de oposición a nuestros propios líderes que volvemos a elegir una y otra vez. Esta característica cultural de los socialistas, profundamente relacionada con nuestras raíces anarquistas y troskistas, que es, quizás, el origen de nuestras mayores virtudes y nuestros peores defectos y la causante de nuestros mejores y peores momentos, es una parte central de nuestra identidad. No es casualidad que en la última elección haya habido tres candidatos díscolos provenientes del PS. Es parte de nuestra cultura.
La razón es que el problema es el poder. Los socialistas siempre fuimos enemigos de Rockefeller, cierto, pero también de Stalin. Naturalmente el origen personal de los socialistas, la razón por la cual uno se convierte en socialista tiene que ver con una cierta aversión a la autoridad, rebeldía frente a la arrogancia de los que la detentan e irritación frente a los rituales de su ejercicio.
¿De donde sale este problema del poder que atormenta a los socialistas?
Los humanos nos juntamos en organizaciones colectivas cuando enfrentamos el problema de asignar entre nosotros recursos escasos. A veces las organizaciones se llaman "mercados", otras veces "empresas", otras veces "agencias", e incluso algunas veces "partidos".
Las soluciones inevitablemente pasan por distribuir la discrecionalidad, es decir, el poder. Algunas veces al poder se le llama "riqueza", otras veces se le llama "derecho", y otras veces se le llama "autoridad". En todos los casos se dan formas de asignación de la discrecionalidad que generan soluciones sociales, pero que acarrean un grave peligro. El peligro siempre tiene que ver con la concentración excesiva de poder y surge de que, tal como nos enseñara Foucault, la tentación del abuso del poder, de la explotación del poder desbocado (del fascismo) se encuentra en cada uno de nosotros. Nuestras luchas exteriores en contra del fascismo son y siempre han sido reflejos de nuestra lucha interior. Desde Chavez a Mubarak, desde Berlusconi a Uribe, siempre que se concentra demasiado el poder, se genera abuso y explotación. Esa es, desafortundamente, una carácterística de la naturaleza humana que siempre hemos tenido que enfrentar.
¿Cómo lo hemos tratado de hacer? Colectivizando el poder, distribuyendo el poder, diluyendo el poder, tratando (a través de expropiaciones en ciertas épocas y regulaciones en otras) de que la propiedad no se convierta en capital. El problema, claro está, es que el poder y la asignación de discrecionalidad son un mecanismo, por así decirlo, “natural” de la sociedad. Al limitarlo, diluirlo, esparcirlo lo hacemos poco efectivo, se trate de poder político o de riqueza. Esta tensión, esta angustia perpetua entre la necesidad social del poder y la necesidad social de destruirlo es el ADN del problema histórico del socialismo.
El peligro es que al asignar discrecionalidad se está dando, por así decirlo, un voto de confianza, y esa confianza puede ser abusada. Es más, tiende a ser abusada. El socialismo no es más que la aspiración política de disolución del carácter abusivo de todas las formas de poder, intentando preservar su potencial creador y su rol socialmente benigno.
Los socialistas finalmente aspiramos a eliminar el potencial explotador de todas las formas de poder: la riqueza, la fuerza militar, las burocracias, las doctrinas religiosas, las maquinarias clientelistas, y también las logias tecnocráticas. Esa es nuestra utopía. Es una utopía porque limitar el abuso y la explotación, preservando la discrecionalidad y efectividad del poder es algo de enorme complejidad técnica y política. Un problema casi imposible y, por ende, eterno
Como el poder es parte de la naturaleza social, esta lucha nunca termina. Si es que se quiere: hay tema para rato para los socialistas. Nuestro partido debería estructurarse para responder: ¿Cómo se hace esto? ¿Cómo se hace en el caso de las normas de TV digital? ¿Cómo se hace en el caso de los sistemas electorales? ¿Cómo se hace en el caso de la política penitenciaria? ¿Cómo se hace en el caso de la política urbana? ¿Cómo se hace en el caso del matrimonio gay? ¿Cómo se hace en el caso de la libertad de culto? … etc. Es decir, ¿cómo interactúa esta utopía con la cambiante realidad que enfrentamos? Zizek interpretando a Adorno nos propone el siguiente método para estudiar las implicancias coyunturales de las utopías tradicionales: “la única forma de captar verdaderamente que es nuevo en lo nuevo, es analizar lo que ocurre hoy a través de los ejes de aquello que era eterno en lo viejo”. Eso es lo que tenemos que hacer.
Este Partido debiera ser un nodo también. Un nodo dedicado a debatir en torno a las respuestas a estas preguntas, a este problema eterno que reencarna en lo nuevo. Un nodo íntimamente vinculado al Nodo de la coalición en que se coordinan estrategias electorales, legislativas y públicas con los demás nodos de la red política, social y cultural en que se tiene que articular la centro izquierda chilena. A riesgo de pecar de prepotencia me atrevo a sugerir que lo mismo deben hacer los otros partidos, encontrar sus propias preguntas, sus propias utopías y enfrentar lo eterno que hay en ellas con los desafíos de la realidad.
Este ensayo fue escrito durante el mes de febrero del 2010 como resultado de una solicitud del Presidente del Partido Socialista de Chile, el Compañero Diputado Osvaldo Andrade. La intención del Compañero Andrade fue la de motivar una reflexión sobre el camino de reforma de nuestra coalición política, sobre su transformación, ampliación y regeneración. Agradeciendo al Compañero Andrade por la invitación a pensar y por la inspiración de hacerlo sobre estos temas es pertinente aclarar que los puntos de vista, los aciertos, las equivocaciones y las inexactitudes del texto son responsabilidad del autor.
El objetivo del texto es provocar una discusión. No debe ser leído como una teoría, sino como una provocación retórica en que se insinúan marcos conceptuales, diagnósticos y soluciones.
6. ¿Qué hacer?
Proponer una estructura y un funcionamiento para el Nodo nos parece de un nivel de arrogancia completamente intolerable, además de profundamente equivocado. Nadie puede predecir la estructura de una red. Lo que puede hacer es entender la naturaleza de la red y apostar por un cierto funcionamiento de un nodo, por un cierto rol dentro de la red. Para decirlo en lenguaje de Internet: “uno puede apostar por un sitio”, será el devenir de la red (en nuestro caso la dialéctica social, económica y política de la centro-izquierda) el que determinará si es que se tuvo o no éxito y si es que uno logró jugar el rol que quería dentro de esa red, logrando su objetivo, potenciando los de los demás, conectando, intercambiando, amplificando… etc.
Por eso lo que voy a proponer en esta sección no es un plan para establecer el Nodo, sino cinco acciones que, a mi juicio, podrían acelerar nuestra inevitable transformación en el Nodo.
Primero, una forma de transformarse en un nodo como éste es cambiando la lógica del activismo político desde el recibir al dar. Esto se podría hacer intentando convertir a la Concertación de Partidos por la Democracia actual y a sus partidos políticos en un Centro de Recursos Políticos y Ciudadanos. Hoy en día la Concertación es una reunión de los cuatro presidentes de partido y un conjunto de comisiones parlamentarias. Es tan superficial su estructura y tan limitado su producción de contenidos que ni siquiera tiene un sitio en Internet. Propongo que la Concertación reflote su sitio web y que este sirva para operar un centro de recursos políticos y ciudadanos (un hub). El objetivo de este Centro sería proveer recursos humanos, tiempo voluntario, experiencia política, asesoría técnica, apoyo de contenidos y capacidades organizacionales a movimientos ciudadanos de diferente tipo que estén tratando de articular una acción política progresista. El sitio debiera operar como un banco de horas en que adherentes a la Concertación y militantes de sus partidos ofrezcan su tiempo, su experiencia y su conocimiento a causas sociales que se encuentran en proceso de gestación. Para ser elegible a recibir ayuda de ese Centro o banco de horas no debiera ser requerimiento ser militante de un partido de la Concertación, ni tampoco declararse como adherente. Debiese existir un consejo compuesto por una mezcla de personas del mundo de la política formal y de las organizaciones sociales que simplemente califique en que casos extremos no se debe ayudar (e.g. si es que en realidad es una actividad empresarial bajo cubierta de una iniciativa social o si es que es un iniciativa con la que no se comparten valores políticos). Tenemos toneladas de personas con experiencia en elecciones, articulación social, medios, organización, administración, asesoría de contenidos y muchas otras cosas. Tenemos además huestes de ciudadanos progresistas ávidos de ayudar causas nobles. Esa gente quiere ser convocada a acciones concretas y a reflexiones con efectos, no a catarsis, ni lloriqueos, ni maquinaciones. Usemos ese recurso, pongámoslo a disposición de la sociedad chilena. Seamos un nodo.
Segundo, establecer una carta de derechos y deberes explícitos de militantes, cibermilitantes, de adherentes y de participantes en primarias abiertas. Se debe establecer las figuras de cibermilitantes de los partidos y de adherentes a la coalición como un todo (sin adherir a un partido en particular) y también a partidos (entendiendo adhesión como algo diferente de militancia). Se debe constatar que el mundo político de la centro izquierda ya, en la práctica, contiene estas diferentes categorías, que incluye, además, a los votantes de los procesos de primarias abiertas que vienen en nuestro futuro electoral. Con el objeto de fomentar estas formas de participación, hacerlas accesibles, entendibles y transparentes, se debe establecer una carta de derechos y deberes de estos diferentes tipos de participantes. ¿Qué se espera y a qué tiene derecho un cibermilitante? ¿Qué se espera y a que tiene derecho un adherente? ¿A qué tiene derecho un votante de primaria abierta? … etc.
Tercero, establecer un sistema de foros ciudadanos temáticos con facultades de consulta, de escucha, de voz y con derecho a respuesta por parte de nuestras bancadas y nuestros partidos políticos. Los que tenemos suficientes años hemos participado de muchos foros, comisiones, mesas y grupos de todo tipo que rara vez han tenido un impacto visible sobre las acciones de nuestros líderes políticos. A mi juicio esto ocurre por que estos foros nunca tienen un poder real y son, en el mejor de los casos, espacios de discusión. Tampoco es posible darles un poder legislativo sobre los parlamentarios, concejales o alcaldes, debido a que eso tiene un potencial de distorsión severo de la democracia (entre otras no reconociendo que esas autoridades, una vez electas, son agentes y delegados de todos los ciudadanos de sus respectivas zonas geográficas). ¿Qué se puede hacer entonces? Bueno, se les puede dar poderes para explicitar la discusión y las decisiones en ciertos temas, a través de un compromiso adquirido por partidos y bancadas. Se les puede dar derecho de consulta (es decir de recibir antecedentes), de escucha (es decir de convocar a las autoridades a exponer sobre temas), de voz (es decir de ser escuchados por las autoridades antes de que los hechos sean consumados), y con derecho a respuesta (es decir a recibir respuesta formal a consultas formuladas). Todo esto debe hacerse en un marco de reglas, con el objeto de que no se vuelva un mecanismo burocrático que inmovilice a nuestros parlamentarios y dirigentes partidarios. Sin embargo, puede convertirse en un importante mecanismo de discusión pública abierta y rendición de cuentas políticas. Recomiendo comenzar con un número acotado de foros (cuatro o cinco) que permitan ir aprendiendo y mejorando este modo de funcionamiento.
Cuarto, impulsar la militancia temática dentro de los partidos interactuada íntimamente con un impulso al proceso de reflexión doctrinaria. Sugiero que los partidos den un impulso a la militancia temática dentro de sus estructuras. En algunos casos esto significa establecer o formalizar ciertas instancias que de facto ya existen, en otros casos significa entregar recursos operativos a estas instancias, y en otros significa ambas cosas. Sugiero que esto se haga al mismo tiempo que se le da un impulso significativo (probablemente haciendo uso de los Centros de Pensamiento asociados) a la reflexión doctrinaria. Sugiero que se establezcan cargos, dentro de las estructuras de los partidos que tengan como mandato impulsar la reflexión doctrinaria e interactuarla con esas unidades o grupos que estén fomentando la militancia temática.
Cinco, impulsar el proceso de lectura, escritura, reflexión, mentoría, discusión, estudio, debate y análisis dentro de la militancia de los partidos. Sugiero que los partidos de la centro izquierda establezcan, reestablezcan, resuciten o reformulen lo que en la mayor parte de los partidos afines del mundo se conoce como Secretarías de Estudio. Recomiendo que estas secretarías se dediquen a intentar que parte del proceso de militancia o adhesión a los partidos sea un proceso educativo. Es decir que busque (incluso con metas explícitas de indicadores apropiados) fomentar la lectura, escritura, reflexión crítica, mentoría de jóvenes, discusión política, estudio temático, debate y análisis en nuestro mundo político. Los recursos disponibles en la red para ello hacen que esto sea muy fácil de hacer en términos operativos y de costos, lo difícil es la parte humana, la tarea de motivar, atraer, incluir, escuchar. Es muy probable que para que algo como esto funcione, tenga sentido asociar esto a los derechos y deberes de las diferentes formas de participación política.
7. Conclusiones
Tal como dijimos al principio: la política está cambiando con el mundo y Chile no es ajeno a éste cambio. Enfrentamos un escenario con una ciudadanía incrementalmente heterogénea en lo cultural, valórico, religioso y político en que muchos de los sectores que no han tenido acceso a las herramientas de desdoblamiento de sus capacidades que da la globalización económica y cultural, presienten su posibilidad y anticipan expectantes esas libertades. Una sociedad con tendencias persistentes e incluso crecientes hacia la inequidad que nos obligan a pasar de una fase de “contención” de la desigualdad a una de su “disolución” con un volumen y ambición de las políticas sociales muy superior al que jamás hemos tenido. Finalmente una economía con tendencias de progreso crecientemente limitadas por nuestra desigualdad.
Esto implica que tenemos que construir un nuevo tipo de coalición política, cuya forma debe ser más parecida a un nodo de una red que a una agrupación de partidos. Una coalición política para el Chile que viene, no el que es, y ciertamente no el que fue. Esto implica, además, cambiar el sentido de nuestros partidos políticos, pasando de ser partidos centrados exclusivamente en lo electoral a ser partidos doctrinarios e ideológicos en que se formulan preguntas filosóficas, se estudian utopías y se contrastan con las restricciones de la realidad. Para ello hemos sugerido cinco tareas.
En particular hemos sugerido que, para transformarse en un nodo de la red de la centro-izquierda futura, hay que cambiar la lógica del activismo político desde el recibir al dar. Sugerimos convertir a la Concertación y sus partidos en un centro de recursos políticos y ciudadanos (un hub). Usar esto para activar a las enormes cantidades de personas que tenemos con destrezas útiles para los nuevos movimientos sociales; y también para motivar a las huestes de ciudadanos progresistas ávidos de ayudar causas nobles. Usando ese acervo humano, movilizándolo en la tarea de subir el nivel y el volumen de la dialéctica política y del proceso público.
Estas cinco tareas son tremendamente difíciles, quizás algo utópicas. Pero, en fin, estas son las tareas que se nos ocurren a partir del proceso de reflexión que se plasma en este texto. No tienen por que ser estas, no tienen por que ser las únicas, no tienen por que ser todas. Si tienen que ser tareas que vayan induciendo a la coalición a transformarse en un nodo de algo mucho más grande y orgánico, diverso, heterogéneo y complejo; y dejando de ser algo que pretende contener, absorber y arropar; para convertirse en algo que desea interactuar, conectar y potenciar.
Si uno lo piensa un poco se da cuenta de que esto va a ocurrir igual, de que algo así va a surgir inevitablemente. A ese mundo vamos, no hay caso. La pregunta es si lo vamos a asumir o padecer, acoger o resistir, si lo vamos a crear o solamente acatar. La pregunta es si nos vamos a sentar a esperar o si lo hacemos ahora… ya.
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